CUANDO TU TE HAYAS IDO.
Ayer en la noche escuchaba los
ronquidos duros y poderosos de mi hijo, sientía la presencia sutil de la niña y
sabía que tu estabas ahí presente, bien presente.
En la mañana desperté y te habias
ido, para mi fue como que no había pasado nada, seguramente fuiste a trotar me
dije, las perras me miraban con esos ojos de amor profundo que suelen tener las
perras recogidas y, saltaban, cual extraños caballos, en espera de su racion de comida.
El dia ya brillante mostraba esa
tonalidad amarillenta transparentosa de los veranos cuando la hierba esta medio
quemada por la sequia.
Los eucaliptos cubrían de besos el
suelo con sus hojas resecas y con sus pepitas caídas, mientras en el aire se sentía
ese ambiente de que no esta pasando nada mas que el inexorable tiempo.
Abri la puerta y las perras
estaban ahí, como dije mirándome y saltando en dos y cuatro patas, les di de
comer y caminé alrededor de la casa, estaba nervioso, te habias ido y el
ambiente estaba como suelen decir en la paz anterior a la tormenta…
No tengo mucho por hacer pensaba,
la crisis me tenia quieto, y mis peleas legales me encadenaban a la quietud
laboral, esta mañana caminé por la casa descalzo sintiendo el diferencial entre
el frio seco de la baldosa, la fría calidez de la madera mañanera, percibia con
deleite de hogar y fastidio de intranquilidad, las rugosidades del filo del
peldaño de las gradas que subi y bajé unas seis o siete veces, mientras me decía
sin decirme, tranquilo, mejor disfruta John estos momentos ya veras que pasará
y algo bueno saldrá de todo esto…… y en ese devenir, cumplia mis roles
cotidianos con la lentitud de un anciano, riéndome al mismo tiempo que me decía:
Estoy como viejo hecho el ritualista, y
todo debido a esta desocupación….
Y tu no volvías….
Mientras comia una tostada con
queso y una avena que hiciste la tarde anterior, pensaba que no me era posible
expresarte mis sentimientos, y que cuando lo hacia, torpemente siempre caia en
alguna provocativa frase que llena de amor buscaba herirte como defensa mia
ante un imaginado abandono tuyo que estaba latente en mi pensamiento y que
pesaba sobre mi como una piedra flotante.
Y, te llamé, que mas podía hacer,
siempre me obligo a desechar al orgullo como consejero, por eso te llamé,
además, me dije, atacar al problema de frente es la mejor forma y la mas fácil de
solucionarla. Con esa llamada me esperanzaba en que la intranquilidad se transformaría,
pero no contestaste.
El Fb me permitió correr fuera de
tu influjo, entre pokemongo la cruda realidad palestina y un par de youtuber,
salpicado de videos con promesas pornográficas, logré respirar en esa ya casi
aterradora calma, durante un hora mas, sabia que quedarme inmóvil me podría casi
enloquecer.
Asi que Salí de casa.
Tomé el bus al trabajo, ya en la
oficina me dediqué a despachar esos asuntos postergados, ya antes había sentido
sensaciones similares, y recordaba la voz de mi padre diciéndome: ….si estás
triste: trabaja, si estás alegre, trabaja, si ya no tienes nada que perder…. Trabaja
y, trabajé. ¡Qué mas podía hacer?
Y decidí no llamarte.
Esa tarde me asfixiaba, sentía el
peso de la levedad del ser como un vapor que me había inundado y que estaba cubriendo
cada minúsculo atomo de mi cuerpo, todo menos el peso de mi cerebro, a este lo sentía
pesado, pesado , muy pesado.
Sentia que podía desaparecer, y
que nada pasaría, que el breve espacio tiempo de mi exitencia se llenaría de
seres y sustancias y que yo no seria mas que éter….
Y tu ya no estabas.
Con la calma, estoicismo o
vegetativismo…. Como quiera verse, caminé y volví a la que veía ya como nuestra
antigua casa.
Y, asi semi sonámbulo deambulé de
la puerta a la cocina, tomé la moka y preparé un café cargado, me deleite con
el sabor amargo de la escencia mientras pensaba… Que bestia, esta noche no voy
a dormir, y sentencié un primitivo: ya me cagué!.
Pero, de todos modos, me acabé el
café, el sol se había trasladado a la ventanas del otro lado de la casa y
entraba dorado a la sala. El gato me miraba con sus patas juntas en esa posición
milenaria que ya conocían los egipcios. La maquina de escribir antigua y negra
del abuelo puesta sobre la chimenea en la que habias pintado flores y arboles
con los niños y que tenia un cactus que salvaste del olvido del patio de atrás se me presentaban con aires de cuento de Truman Capote, presente y
nostálgico.
Y me dormí.
-¡Johncito!…. Habias llegado, no
me dejaste despertarme y ya me
preguntabas donde me había metido, porque no había contestado al teléfono, te
dije que ni siquiera lo había visto, y me respondiste explicándome la pregunta
que sin hacértela tu sabias que necesitaba d respuesta, me dijiste que recién a
las 11 luego de salir de clases habias cargado el teléfono y que me estabas llamando
y yo no contestaba, que habias llamado a la oficina y cristina te había dicho que
había salido temprano, que como me notó un poco raro no me preguntó a donde
iba, que luego te habias llevado a los niños a pasear y que intranquila habias
venido a ver si estaba en casa…..
Somnoliento subí al cuarto y me
acosté a seguir durmiendo, mientras tu te ponías un pijama.
Y me abrasaste, y mi
intranquilidad se fue.
Ya es de noche, no se que hora es,
mis ojos se abrieron enromes en la oscuridad, mis oídos escuchaban a los niños,
logre ver tu silueta de mujer dormida y satisfecha, y recordé lo que había sentido
durante este bucólico día, entonces sonreí y me dije con este café o mejor es
no olvidar asi que pensé: me levantaré tomaré el computador que dejaste
encendido junto a la cama y entonces
empezaré a escribir: … cuando tu te
hayas ido……
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